Una imagen de la Virgen de Luján, otra de Ceferino Namuncurá y una nota anónima dieron origen en 1967 a una particular devoción mariana en Olavarría. Con el paso de las décadas, el lugar se convirtió en un punto de oración y peregrinación para quienes recorren la Ruta Nacional 226.
En medio de los pastizales, a pocos kilómetros de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires, nació hace casi seis décadas una de las devociones marianas más particulares de la región. La historia de la Virgen de la Loma, conocida como Protectora del Camino, comenzó con un hallazgo inesperado, una misteriosa nota anónima y dos imágenes religiosas que posteriormente desaparecieron sin que se conociera su destino.
El episodio ocurrió el 17 de enero de 1967, cuando un trabajador italiano que se desempeñaba en campos cercanos a la Ruta Nacional 226 encontró un pequeño nicho de plástico entre los pastos de una elevación ubicada junto al camino.
En su interior había dos imágenes religiosas: una de Nuestra Señora de Luján y otra de Ceferino Namuncurá. También encontró un frasco con algunas monedas y un mensaje escrito de manera anónima que cambiaría la historia del lugar.
La nota decía: “No me saquen de aquí. Hagan algo para cuando llueve que yo hago muchos milagros”. El mensaje despertó inmediatamente la curiosidad de los vecinos y la noticia llegó hasta la parroquia Nuestra Señora de Monte Viggiano, en Olavarría.

Una devoción nacida junto al camino
El hallazgo comenzó a adquirir un significado religioso entre los habitantes de la zona. La particular ubicación del nicho, sobre una elevación junto a una de las principales rutas de la región, contribuyó a que la imagen fuera asociada con la protección de los viajeros.
Dos franciscanos conventuales de Nuestra Señora de Monte Viggiano tuvieron un papel fundamental en la difusión de la devoción. Entre ellos destacó especialmente el fraile Romeo Musaragno, quien comenzó a llamar al lugar Virgen de la Loma, Protectora del Camino.
La intención inicial fue adquirir el terreno donde habían aparecido las imágenes para construir allí un espacio de oración. Sin embargo, la propietaria rechazó la propuesta. Finalmente, se consiguió la donación de un terreno ubicado al otro lado de la Ruta 226.
El 12 de mayo de 1967 comenzó la construcción de un templete destinado a albergar la nueva advocación mariana. En el proyecto colaboraron vecinos, soldados de la Guarnición de Ejército de Olavarría y presos de buena conducta del Penal de Sierra Chica. El diario local El Popular también contribuyó a difundir la historia.
El misterio de las imágenes desaparecidas
La construcción del templete estuvo acompañada por varios episodios que alimentaron el carácter misterioso de la historia. En distintos momentos surgieron dificultades relacionadas con la falta de cemento y maquinaria, pero, según los relatos recogidos por la comunidad, siempre aparecía alguien dispuesto a solucionar los problemas.
Sin embargo, el episodio que más contribuyó al misterio ocurrió con las propias imágenes encontradas originalmente.
Tanto la imagen de la Virgen de Luján como la de Ceferino Namuncurá desaparecieron sin que se conociera posteriormente su destino.
Para ocupar el lugar de las imágenes originales, el Instituto Padre Kolbe adquirió una escultura de la Virgen María. Esa figura fue colocada sobre una estructura de piedra bajo el templete, que finalmente fue inaugurado el 10 de diciembre de 1967.
Décadas después, en 1996, se construyó una capilla en el lugar, donde también se encuentra la tumba del fraile Romeo Musaragno.

Un lugar de peregrinación y oración
Con el paso de los años, la Virgen de la Loma dejó de ser únicamente una historia conocida entre los habitantes de Olavarría y se convirtió en un punto de referencia para viajeros y peregrinos.
Desde 1977, la comunidad olavarriense realiza peregrinaciones durante Semana Santa desde la parroquia Nuestra Señora de Monte Viggiano hasta el santuario situado junto a la Ruta Nacional 226.
El lugar también recibe a conductores y viajeros que se detienen para rezar, encender una vela o dejar una muestra de agradecimiento. Entre los objetos que los fieles han depositado aparecen rosarios, crucifijos, estampitas, flores, juguetes, llaveros, banderas y otras expresiones de devoción.
La Virgen es invocada especialmente como protectora de quienes recorren las rutas, pero también por personas que buscan auxilio espiritual ante dificultades relacionadas con la salud, el trabajo y la vida familiar.
Así, lo que comenzó en 1967 con un pequeño nicho abandonado entre los pastos, dos imágenes religiosas y una nota cuyo autor nunca fue identificado terminó dando origen a una tradición religiosa que permanece viva casi 60 años después.
A un costado de la Ruta 226, la Virgen de la Loma continúa siendo para muchos viajeros una señal de fe y protección antes de continuar el camino.







