Argentina se prepara para recibir esta semana el primer escuadrón de seis cazas F-16 Fighting Falcon provenientes de Dinamarca, un movimiento que marca uno de los pasos más significativos en la modernización militar del país en más de una década. Estas aeronaves forman parte de un acuerdo firmado en abril de 2024 por un total de 24 unidades valuado en unos 300 millones de dólares y representan el retorno de la capacidad supersónica a la Fuerza Aérea Argentina tras años de limitaciones operativas.

Los aviones, modernizados bajo el estándar Mid-Life Upgrade —una actualización profunda que incorpora mejoras en aviónica, radar y sistemas de defensa— despegaron el 28 de noviembre desde la base de Skrydstrup, en Dinamarca. Su travesía contempla escalas técnicas en Zaragoza, en las Islas Canarias, en Brasil y finalmente en la base aérea de Río Cuarto, en la provincia de Córdoba, donde ya se realizaron las adecuaciones necesarias para recibirlos. En ese lugar se desarrolló un operativo especial que incluyó la ampliación de hangares y la actualización de los sistemas de frenado de pista, anticipándose a la llegada progresiva del resto de la flota.
La incorporación del primer lote no solo devuelve a la Argentina una capacidad de defensa aérea que había quedado rezagada desde la baja de los Mirage, sino que también demanda un salto logístico y tecnológico que ya está en ejecución. Empresas especializadas trabajan en acuerdos de soporte, mantenimiento y capacitación, elementos fundamentales para sostener la operatividad de aeronaves de esta categoría a largo plazo.
Según el gobierno, los F-16 representan un cambio de era. Su arribo vuelve a posicionar a la Argentina entre los países con flotas de combate modernas en la región y se proyecta como la base del sistema de defensa aérea para las próximas décadas.







