Un grupo significativo de militantes del partido Demócratas —formado por ex integrantes de la Democracia Cristiana (DC)— salió en defensa pública del expresidente Eduardo Frei Ruiz‑Tagle, tras la sanción que la DC le aplicó al suspender sus derechos partidarios. La polémica se disparó después de que el expresidente se reuniera en su domicilio con el candidato presidencial de derechas José Antonio Kast, un gesto interpretado por la conducción DC como gravemente contrario a los estatutos del partido.

La declaración de solidaridad, firmada por unas 75 personas —entre ellas la presidenta de Demócratas, Ximena Rincón, así como exministros, diputados y consejeros— condena la suspensión como “irracional e injusta”, señalando que atenta contra la trayectoria de un político que “dedicó su vida al servicio público y al desarrollo de Chile”.
En su carta, recuerdan las transformaciones logradas durante su gobierno: reducción histórica de la pobreza, modernización institucional, crecimiento económico y una proyección internacional destacada —logros que, advierten, no pueden ser minimizados con una sanción política. Para los firmantes, la decisión de la falange no sólo hiere la memoria histórica de la DC, sino que descuida valores esenciales como la tolerancia, el pluralismo y el respeto al derecho a disentir.
Acusan a la directiva de recurrir a una “expulsión simbólica”, prefiriendo la sanción antes que reconocer el derecho al diálogo y a la diversidad de ideas. Este respaldo masivo a Frei evidencia la profunda fractura interna en la DC: mientras algunos exigen sanciones severas o incluso expulsión, otros defienden la legitimidad de conversaciones cruzadas en un contexto político polarizado.
La tensión deja al descubierto no solo la fragmentación del legado democratacristiano, sino las contradicciones entre la disciplina partidaria y los principios democráticos que alguna vez fueron sello del partido.







