El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, declaró que cualquier país que produzca o trafique drogas hacia territorio estadounidense “está sujeto a ataques”, una advertencia que generó un fuerte impacto diplomático en América Latina.
La afirmación fue realizada durante una reunión con su gabinete en la Casa Blanca, donde el mandatario explicó que su gobierno no limitaría sus acciones únicamente a operativos marítimos contra cárteles, sino que consideraba la posibilidad de extender operaciones militares hacia tierra firme en países involucrados en el narcotráfico.

En este contexto, Trump mencionó explícitamente a Colombia como posible blanco, aludiendo a su histórico rol en la producción de cocaína. La advertencia se inscribe dentro de una ofensiva militar más amplia desplegada por Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico.
Según información del propio gobierno estadounidense, en los últimos meses han sido hundidas embarcaciones identificadas como parte del tráfico de drogas, y se evalúa ahora una fase que podría incluir acciones directas dentro de territorios extranjeros.
Trump sostuvo que cualquier país que permita la producción o exportación de drogas hacia Estados Unidos sería tratado como objetivo militar. La respuesta del gobierno colombiano, liderado por Gustavo Petro, fue inmediata. El presidente rechazó las declaraciones y afirmó que representan una amenaza a la soberanía del país.
A través de mensajes públicos, Petro señaló que Colombia realiza esfuerzos constantes para destruir laboratorios dedicados a la producción de cocaína y afirmó que estas labores se llevan a cabo sin necesidad de misiles ni intervenciones externas. Según sus declaraciones, en Colombia se desmantela un laboratorio aproximadamente cada cuarenta minutos, lo que, en su opinión, demuestra el compromiso nacional en la lucha contra el narcotráfico. Petro advirtió además que atacar la soberanía nacional equivaldría a “declarar la guerra”.
Este cruce de declaraciones ha tensado significativamente la relación bilateral entre Estados Unidos y Colombia, tradicionalmente aliados en materia de cooperación antidrogas. La posibilidad de que la campaña estadounidense se extienda más allá del ámbito marítimo y alcance territorios soberanos ha encendido alertas en la región. El intercambio dejó en evidencia un momento de alta sensibilidad diplomática y mostró un escenario en el que la coordinación que por décadas enmarcó la lucha contra el narcotráfico enfrenta un desafío de gran magnitud.







