La carrera por la secretaría general de las Naciones Unidas comienza a tomar forma con la irrupción de Ivonne Baki como una figura clave en el escenario internacional. La diplomática ecuatoriana, con una extensa trayectoria en representación de su país y una relación cercana con el presidente estadounidense Donald Trump, se perfila como una potencial contendora directa de Michelle Bachelet, exmandataria chilena y exalta comisionada de Derechos Humanos de la ONU.

Este escenario anticipa una contienda marcada por fuertes contrastes políticos y visiones opuestas sobre el rol del organismo internacional. Ivonne Baki ha desarrollado gran parte de su carrera en el ámbito diplomático y multilateral, destacando especialmente su paso como embajadora de Ecuador en Estados Unidos. Su cercanía con sectores republicanos y con la administración de Trump le ha permitido construir una sólida red de apoyos en Washington, lo que podría convertirse en un factor decisivo si Estados Unidos decide influir activamente en el proceso de sucesión.
Desde su entorno se destaca su capacidad de negociación, su enfoque pragmático y su interés por impulsar reformas que hagan a la ONU más eficiente y menos burocrática. La posible confrontación con Michelle Bachelet representa algo más que una competencia personal.
Bachelet encarna una visión centrada en los derechos humanos, la justicia social y el multilateralismo tradicional, mientras que Baki es asociada a una diplomacia más alineada con los intereses estratégicos de Estados Unidos y con una mirada crítica hacia el funcionamiento actual del sistema internacional. Esta diferencia de enfoques reflejan la polarizacion de América Latina.
Aunque el proceso formal para elegir al nuevo secretario o secretaria general aún no se inicia, los movimientos anticipados muestran que la sucesión será altamente disputada. América Latina vuelve a aparecer como una región con aspiraciones de liderazgo, pero también como un espacio atravesado por divisiones internas y presiones externas. En ese contexto, la eventual candidatura de Ivonne Baki no solo desafía a Bachelet, sino que evidencia cómo la geopolítica y los equilibrios de poder siguen siendo determinantes en el futuro de la ONU.







