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Andy Burnham, el posible reemplazo de Starmer: ¿podrá frenar el avance de Reform UK?

Andy Burnham aparece como el candidato mejor posicionado para reemplazar a Keir Starmer al frente del Gobierno británico y del Partido Laborista. Su llegada a Downing Street podría mejorar las posibilidades electorales del oficialismo, pero no garantiza que Labour logre detener el crecimiento de Reform UK.

La principal ventaja de Burnham es que posee un perfil político distinto al de Starmer. Durante sus años como alcalde de Greater Manchester construyó una imagen más cercana a los votantes del norte de Inglaterra, una región donde el laborismo perdió apoyo frente al Brexit, los conservadores y, más recientemente, Reform UK. También suele mostrarse más dispuesto a cuestionar a Londres, defender la industria y reclamar una mayor intervención del Estado en transporte, vivienda y servicios públicos.

Su reciente victoria en la elección parcial de Makerfield fortaleció esa percepción. Burnham obtuvo alrededor del 55% de los votos, frente al 35% de Reform UK, y consiguió una mayoría superior a los 9.000 sufragios. El resultado demostró que conserva capacidad para reunir al electorado tradicional laborista y atraer votos tácticos de sectores progresistas que temen un avance de Nigel Farage.

Reform UK continúa liderando las encuestas nacionales

El problema para Burnham es que una elección parcial favorable no representa necesariamente el comportamiento de todo el país. Una encuesta de YouGov realizada a mediados de junio colocó a Reform UK en el primer lugar con el 24% de intención de voto. Labour y los conservadores aparecieron empatados en el 19%, mientras los Verdes alcanzaron el 15% y los liberal-demócratas el 13%.

Esos números muestran un sistema político profundamente fragmentado. Reform UK no necesita conseguir una mayoría absoluta para convertirse en la primera fuerza. Le alcanza con mantener un núcleo electoral disciplinado mientras los votos de centro, izquierda y derecha tradicional se dividen entre Labour, conservadores, Verdes y liberal-demócratas.

Burnham podría recuperar parte del voto obrero que abandonó al laborismo, pero para derrotar a Reform necesitará algo más que popularidad personal. Deberá ofrecer respuestas creíbles sobre inmigración, costo de vida, vivienda, servicios públicos, seguridad, desindustrialización y pérdida de confianza en las instituciones.

Un candidato más fuerte que Starmer

Las encuestas sugieren que Burnham es considerablemente más competitivo que otros dirigentes laboristas. Ipsos lo identificó como el político laborista con mejor valoración y señaló que los británicos preferían un Gobierno liderado por él antes que uno encabezado por Nigel Farage. En una comparación directa sobre quién sería mejor primer ministro, Burnham superaba claramente a Starmer, aunque una parte considerable del electorado respondía que no veía diferencias o no prefería a ninguno.

Su candidatura también cuenta con apoyo creciente dentro del partido. Tras la renuncia de Starmer, Burnham quedó como el único aspirante declarado y podría asumir el liderazgo sin una competencia interna si reúne los respaldos parlamentarios y sindicales necesarios. Rachel Reeves ya manifestó públicamente su apoyo y defendió que su llegada ofrecería estabilidad.

Sin embargo, una renovación de liderazgo puede producir solamente un impulso temporal. El electorado británico no parece rechazar únicamente a Starmer, sino también el desempeño general del Gobierno, el deterioro de los servicios, la presión fiscal y la percepción de que Labour no cumplió las expectativas generadas en 2024.

La inmigración será una prueba decisiva

Reform UK ha construido buena parte de su crecimiento alrededor del rechazo a la inmigración masiva, la crítica al sistema de asilo y la denuncia de una clase política que, según sus dirigentes, ignora las preocupaciones de la población.

Burnham ha reconocido que el sistema migratorio necesita cambios y prometió una política más justa y ordenada. No obstante, deberá convencer a los votantes de que sus propuestas serán sustancialmente diferentes de las aplicadas por Starmer. Una respuesta demasiado moderada podría permitir que Farage conserve el monopolio político del tema. Una línea excesivamente dura, en cambio, podría provocar conflictos con el ala izquierda del Partido Laborista.

Ese dilema se repetirá en otras áreas. Burnham necesita recuperar votantes obreros y socialmente conservadores sin perder a los electores urbanos, jóvenes y progresistas que podrían trasladarse a los Verdes o a los liberal-demócratas.

El costo de vida y la economía

El probable sucesor de Starmer prepara una agenda enfocada en reducir el costo de las facturas de energía, transporte y vivienda. Su equipo estudia trasladar algunos gravámenes desde las facturas de los consumidores hacia impuestos generales y aumentar la carga sobre ganancias de capital y propiedades. La intención sería aliviar a los hogares sin ampliar excesivamente el endeudamiento público.

La estrategia podría mejorar su popularidad entre los trabajadores, pero también presenta riesgos. Mayores impuestos sobre capital, propietarios e inversión podrían generar oposición empresarial y reforzar el discurso de Reform y de los conservadores sobre un Gobierno laborista que aumenta la presión fiscal.

Burnham deberá demostrar rápidamente que puede mejorar el nivel de vida sin provocar una crisis presupuestaria, una pérdida de inversión o una nueva caída de la confianza empresarial.

¿Puede realmente ganarle a Reform?

Sí, Burnham probablemente tiene mejores posibilidades que Starmer de frenar a Reform UK. Su perfil regional, su capacidad para conectar con antiguos votantes laboristas y su imagen menos tecnocrática lo convierten en un adversario más peligroso para Farage.

Pero todavía sería prematuro afirmar que puede derrotarlo a nivel nacional. Reform mantiene la ventaja en las encuestas, domina temas como inmigración y rechazo al establishment, y se beneficia de la fragmentación del sistema político. Además, Burnham asumirá un Gobierno desgastado y tendrá poco tiempo para producir resultados visibles antes de las próximas elecciones.

Su victoria en Makerfield demuestra que Reform puede ser derrotado cuando existe un candidato fuerte y cuando votantes de izquierda y centro se concentran detrás de Labour. Sin embargo, repetir ese modelo en todo el Reino Unido será mucho más difícil.

La pregunta central no es únicamente si Burnham es más popular que Starmer. Es si podrá transformar esa popularidad en una oferta política capaz de recuperar la confianza de millones de británicos que consideran que tanto Labour como los conservadores han fracasado.

Por ahora, Burnham aparece como la mejor oportunidad del Partido Laborista para mantenerse en el poder. También puede ser el último intento del sistema político tradicional por detener el ascenso de Reform UK antes de las próximas elecciones generales.

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