En medio de una de las elecciones más tensas de la historia reciente de Honduras, el candidato Salvador Nasralla se perfila como favorito, aunque con una ventaja tan frágil que mantiene al país en vilo. Con cerca del 80 % de los votos escrutados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), Nasralla ha alcanzado un 40,34 %, apenas unos puntos por delante de su rival Nasry Asfura, que cuenta con 39,57 %. Esa diferencia —unos 19 396 votos según el corte más reciente— ilustra lo ajustado del escrutinio y la incertidumbre que se vive en las calles.

La carrera electoral ha estado marcada por sobresaltos: una noche posterior a la votación los sistemas oficiales de conteo y difusión se paralizaron, obligando a una pausa en la transmisión de resultados. Esa interrupción generó desconfianza, rumores de fraude y denuncias internacionales, mientras los observadores pedían calma y esperar a que el conteo se completara.
Los primeros cómputos habían dado una leve ventaja a Asfura, pero tras la reanudación Nasralla logró recuperar terreno, encendiendo esperanzas entre sus simpatizantes. Más allá del pulso electoral, el origen de Nasralla añade una dimensión internacional a su eventual triunfo: su madre nació en Chile, lo que para algunos medios convierte su posible presidencia en un acontecimiento con resonancia continental.
Esa doble ciudadanía —hondureña y chilena— alimenta un discurso de perfil cosmopolita, reforzado por sus años de estudio en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde cursó Ingeniería Civil Industrial y luego obtuvo un máster en Administración. Además, su trayectoria como figura mediática, presentador de televisión y periodista deportivo le ha dado un rostro muy conocido en Honduras, sumando popularidad y visibilidad







