
Un incendio de enormes proporciones arrasó el miércoles el complejo residencial Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, convirtiéndose en una de las tragedias urbanas más graves que ha sufrido Hong Kong en décadas. El fuego comenzó alrededor de las 14:50, cuando las llamas se extendieron rápidamente por los andamios de bambú y las mallas de construcción instaladas en el exterior de los edificios que estaban siendo renovados. En cuestión de minutos, siete de las ocho torres del complejo estaban envueltas en una columna de humo visible desde varios kilómetros. Las autoridades han confirmado al menos 55 fallecidos, aunque algunas fuentes elevan el número a más de 60. La cifra podría aumentar debido a que aún se desconoce el paradero de 279 residentes. Muchos de los fallecidos perecieron en sus propios apartamentos, atrapados por el humo, mientras que otros murieron en hospitales horas después del colapso inicial. Decenas de heridos continúan recibiendo atención médica, varios de ellos en estado crítico.

El avance del fuego fue especialmente violento debido a la presencia de materiales inflamables utilizados en la obra, como las lonas que cubrían los andamios y planchas de poliestireno colocadas en las ventanas. Este tipo de estructura, de uso habitual en Hong Kong, ha sido cuestionada durante años por expertos que advierten sobre el riesgo que representa el bambú cuando se combina con plásticos y recubrimientos altamente combustibles. Tras las primeras pesquisas, la policía detuvo a dos directivos de la empresa de construcción encargada de las obras y a un consultor externo, sospechosos de negligencia grave que habría contribuido a la magnitud del desastre. La escena en el lugar del siniestro fue caótica: vecinos desesperados buscaban a familiares, mientras los equipos de rescate intentaban abrirse paso entre escombros, humo y temperaturas extremas. El gobierno de Hong Kong calificó el incendio como una “catástrofe masiva” y anunció asistencia inmediata para los desplazados, además de una investigación exhaustiva que ya pone en la mira las regulaciones de seguridad en obras de renovación, el uso de materiales inflamables y el mantenimiento general de los edificios residenciales.

El suceso ha reavivado un debate de larga data sobre los estándares de construcción en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Ingenieros y urbanistas coinciden en que esta tragedia podría marcar un punto de inflexión y obligar a una revisión profunda de las prácticas de construcción y los protocolos de seguridad. Mientras tanto, las labores de búsqueda continúan, y para cientos de familias comienza una dolorosa espera que podría prolongarse durante días.







