Brandon, Mississippi – La sala de audiencias fue testigo de una escena que pocos olvidarán: Carly Madison Greg, de 14 años, ingresó confiada, sentada junto a sus abogados, con una sonrisa que pronto desaparecería. La adolescente fue declarada culpable de asesinar a su madre, Ashley Smiley, y de intentar matar a su padrastro, Heath Smiley, recibiendo cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Hasta marzo de 2024, Carly llevaba una vida aparentemente normal. Alumna de honor en Northwest Rankin High School, era considerada inteligente y aplicada. Pero detrás de esa fachada, sufría problemas de salud mental, se autolesionaba y consumía marihuana mediante vapeadores, llevando una doble vida que incluía relaciones ocultas con un novio mayor.

El 19 de marzo, tras ser reprendida por su madre por el consumo de drogas, Carly tomó un revólver Magnum .357, disparó a Ashley en varias ocasiones y, durante más de diez minutos, manipuló mensajes y llamadas para simular normalidad, incluso invitando a una amiga a presenciar el cuerpo. Luego intentó asesinar a su padrastro, quien logró desarmarla y llamar al 911.
Juzgada como adulta, la defensa alegó brote psicótico y antecedentes familiares de enfermedad mental; la fiscalía sostuvo que la adolescente actuó con plena conciencia y planificación, respaldando su argumento con videos, mensajes y llamadas.
El jurado deliberó menos de dos horas. Su veredicto fue unánime: culpable de asesinato en primer grado, intento de asesinato y manipulación de pruebas. Con 15 años, Carly enfrentará el resto de su vida en prisión, mientras el caso reabre debates sobre la responsabilidad penal de menores con enfermedades mentales y los límites de la justicia frente a la evidencia tecnológica.







