Una gigantesca inversión europea busca transformar el paisaje económico y energético de Magallanes. El proyecto contempla una planta de amoníaco verde, un parque eólico, una desaladora y un puerto de exportación, con miles de empleos asociados y una vida útil estimada en medio siglo.
En el extremo austral de Chile, una de las zonas más aisladas del país podría convertirse durante las próximas décadas en un nuevo protagonista de la transición energética mundial. La Comisión de Evaluación Ambiental de Magallanes aprobó por unanimidad el megaproyecto de HNH Energy, una iniciativa que contempla una inversión estimada en US$11.000 millones y que pretende producir y exportar amoníaco verde desde la comuna de San Gregorio.
La aprobación, concretada con 12 votos a favor y ninguno en contra, convirtió al proyecto en la mayor inversión aprobada por la institucionalidad ambiental chilena en su historia. La magnitud del emprendimiento duplica al proyecto RT Sulfuros de Codelco, que hasta ahora ostentaba ese récord con una inversión de US$5.400 millones.
La iniciativa fue ingresada al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en julio de 2024 y demoró 756 días en completar su evaluación. Con el visto bueno ambiental, HNH Energy entra ahora en una nueva etapa, en la que deberá avanzar en permisos sectoriales, estructuración financiera y otros trámites necesarios antes de iniciar la construcción.
Más allá de la cifra de inversión, el proyecto representa una apuesta de largo plazo por aprovechar una de las principales ventajas naturales de Magallanes: sus excepcionales condiciones para la generación de energía eólica.

Un proyecto diseñado alrededor del viento
La propuesta de HNH Energy contempla la construcción de 194 aerogeneradores, que serán fundamentales para alimentar el proceso industrial.
El objetivo es utilizar la electricidad generada por el parque eólico para producir hidrógeno verde mediante un proceso de electrólisis. Para ello, el proyecto contempla también una planta desaladora capaz de utilizar agua de mar.
El proceso comienza con la desalación y purificación del agua. Posteriormente, mediante electricidad proveniente de fuentes renovables, el agua es separada en sus componentes: hidrógeno y oxígeno.
El hidrógeno producido de esta manera será utilizado posteriormente para elaborar amoníaco verde, al combinarse con nitrógeno extraído del aire.
El resultado es un producto químico que puede ser utilizado como materia prima industrial y que, además, comienza a adquirir una importancia creciente dentro de las estrategias internacionales de descarbonización.
La elección de Magallanes no es casual. La región posee extensas zonas con fuertes y constantes vientos, una característica que permite proyectar una elevada capacidad de generación eólica.
En este sentido, la iniciativa busca transformar un recurso natural abundante en una actividad industrial orientada principalmente a los mercados internacionales.

¿Qué es el amoníaco verde?
Aunque el término puede resultar desconocido para buena parte de la población, el amoníaco es uno de los productos químicos más utilizados en el mundo.
Su principal aplicación se encuentra en la producción de fertilizantes nitrogenados. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, aproximadamente 70% del amoníaco producido a nivel mundial se utiliza en la fabricación de fertilizantes, mientras que el resto se destina a distintas aplicaciones industriales, entre ellas la producción de plásticos, fibras sintéticas y explosivos.
El problema está en la manera tradicional de producirlo.
La fabricación convencional de amoníaco depende principalmente de combustibles fósiles y genera importantes emisiones de dióxido de carbono. Según la Agencia Internacional de Energía, las emisiones directas asociadas a la producción mundial de amoníaco alcanzan alrededor de 450 millones de toneladas de CO₂.
El llamado amoníaco verde pretende modificar esta ecuación.
En lugar de utilizar combustibles fósiles para obtener el hidrógeno necesario, se emplea hidrógeno producido mediante electricidad procedente de fuentes renovables.
Por esta razón, la producción de amoníaco verde es considerada una de las alternativas que podrían contribuir a reducir las emisiones asociadas a una industria que resulta indispensable para la agricultura y la producción de alimentos.

Magallanes mira hacia el mercado internacional
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que no está diseñado únicamente para abastecer al mercado chileno.
HNH Energy contempla la construcción de un puerto destinado al almacenamiento y exportación del amoníaco verde, lo que permitiría utilizar la posición geográfica de Magallanes como plataforma para conectar la producción energética del extremo sur con consumidores internacionales.
La ubicación estratégica de la región, cercana a las principales rutas marítimas que atraviesan el extremo austral de Sudamérica, puede convertirse en uno de los elementos importantes para el desarrollo de esta industria.
El proyecto contempla, además, infraestructura portuaria que permitirá recibir materiales y equipamiento durante la etapa de construcción.
La apuesta, por tanto, va mucho más allá de levantar una planta industrial. El objetivo es desarrollar una cadena productiva completa que abarque generación eléctrica, producción de hidrógeno, elaboración de amoníaco, almacenamiento y exportación.
Miles de empleos y una operación de 50 años
La magnitud del proyecto también tendrá consecuencias sobre la economía regional.
Durante la etapa de construcción se estima la generación de 2.446 puestos de trabajo, mientras que durante su etapa de operación se proyectan aproximadamente 1.472 empleos.
La iniciativa contempla una vida útil cercana a los 50 años, lo que significa que no se trata de una inversión pensada para operar durante un período breve, sino de una infraestructura con vocación de permanencia en la economía de Magallanes.
El impacto económico potencial tampoco se limita a los trabajadores contratados directamente por la compañía.
Una inversión de esta magnitud puede generar actividad en sectores relacionados con transporte, construcción, servicios, mantenimiento, logística, ingeniería y proveedores industriales.
Para una región caracterizada por su distancia respecto de los principales centros económicos de Chile, el desarrollo de una industria energética de escala internacional podría representar una transformación importante de su estructura productiva.

Una inversión europea en el extremo austral
HNH Energy está respaldada por un consorcio europeo integrado por Copenhagen Infrastructure Partners, Austria Energy y Ökowind.
La presencia de capital europeo refleja el interés internacional que ha despertado el potencial energético de Magallanes.
La región se ha convertido durante los últimos años en uno de los principales focos de atención para proyectos vinculados al hidrógeno y sus derivados, precisamente por la combinación de disponibilidad de terrenos, recurso eólico y acceso marítimo.
La iniciativa de HNH Energy se suma a otros proyectos de gran escala que buscan desarrollar una industria de hidrógeno y combustibles derivados en el extremo sur de Chile.
Sin embargo, la aprobación ambiental no significa que la construcción vaya a comenzar inmediatamente.
La empresa deberá avanzar todavía en permisos sectoriales y en la estructuración del financiamiento necesario para llevar adelante una inversión de US$11.000 millones.
Además, la propia compañía ha advertido que la materialización definitiva del proyecto estará condicionada por factores como la evolución del mercado internacional y la demanda futura de amoníaco y combustibles renovables.
El desafío de convertir una aprobación en una realidad
La aprobación ambiental constituye un hito, pero también marca el comienzo de una etapa más compleja.
Los megaproyectos energéticos requieren enormes cantidades de capital y deben enfrentarse a las condiciones del mercado internacional. El amoníaco verde todavía es una industria en desarrollo y su expansión dependerá de que exista una demanda suficiente para justificar las inversiones necesarias.
También será fundamental desarrollar cadenas logísticas capaces de transportar el producto desde el extremo austral de Chile hacia los principales mercados internacionales.
La experiencia de otros proyectos de hidrógeno verde demuestra que contar con un enorme potencial de generación renovable no garantiza automáticamente la construcción de grandes instalaciones industriales.
La disponibilidad de compradores, los costos de producción, la infraestructura, el acceso al financiamiento y la estabilidad regulatoria serán factores determinantes.
Por eso, la aprobación de HNH Energy constituye una oportunidad, pero también un desafío para Chile.
Magallanes ante una nueva oportunidad histórica
El proyecto aprobado en San Gregorio puede marcar un punto de inflexión para la economía de Magallanes.
Con una inversión de US$11.000 millones, un parque eólico de 194 aerogeneradores, una planta desaladora, instalaciones para producir amoníaco verde y un puerto de exportación, la iniciativa tiene una escala capaz de modificar significativamente el perfil productivo de la región.
Su importancia también trasciende las fronteras chilenas.
En un mundo que busca reducir las emisiones sin abandonar la producción industrial y agrícola, el amoníaco verde podría convertirse en un producto estratégico. Su utilización en fertilizantes y otras industrias significa que la demanda potencial puede extenderse mucho más allá del sector energético.
Para Chile, el desafío consiste ahora en aprovechar sus ventajas naturales sin perder de vista la necesidad de que las inversiones se traduzcan en desarrollo económico, empleo y oportunidades para las comunidades locales.
Para Magallanes, la oportunidad es todavía mayor.
La región que durante décadas fue conocida principalmente por su aislamiento geográfico, sus recursos naturales y su posición estratégica en el extremo sur del continente podría convertirse en un punto de referencia para la nueva industria energética mundial.
El proyecto todavía debe superar nuevas etapas antes de convertirse en una realidad, pero la aprobación ambiental ya dejó una señal contundente: el extremo sur de Chile busca dejar de ser solamente el fin del mundo para convertirse también en una puerta de entrada a los mercados de la energía del futuro.







