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EEUU impone arancel de 12,5% a Chile y otros 59 países por normas sobre trabajo forzoso

El Gobierno de Estados Unidos anunció la imposición de nuevos aranceles a 60 de sus principales socios comerciales, entre ellos Chile, argumentando que estas economías no cuentan con medidas suficientemente estrictas para impedir el ingreso de productos elaborados con trabajo forzoso. La decisión forma parte de una nueva estrategia comercial impulsada por la administración de Donald Trump, que reemplaza el gravamen temporal del 10% que expiró recientemente. (BioBioChile)

Según informó la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Chile enfrentará un arancel del 12,5% para una parte importante de sus exportaciones hacia el mercado estadounidense. La medida también alcanza a otras economías de América Latina, Europa y Asia que, a juicio de Washington, no han adoptado prohibiciones efectivas contra la importación de bienes vinculados al trabajo forzoso. (BioBioChile)

Nueva política comercial de Washington

Foto: El Ciudadano

La administración estadounidense sostuvo que los nuevos gravámenes buscan combatir las distorsiones comerciales generadas por la utilización de cadenas de suministro donde existen denuncias de explotación laboral. Bajo este esquema, los países que demuestren una legislación robusta y mecanismos efectivos para impedir el comercio de productos fabricados con trabajo forzoso enfrentarán un arancel base del 10%, mientras que aquellos considerados insuficientes estarán sujetos a una tasa del 12,5%. (Cadena SER)

Las autoridades estadounidenses explicaron que la medida forma parte de una revisión más amplia de su política comercial y de derechos humanos, con el objetivo de incentivar a los socios comerciales a reforzar sus controles sobre las cadenas globales de producción.

El nuevo paquete arancelario fue anunciado pocas horas después de que expirara el gravamen universal temporal aplicado durante los últimos 150 días y representa una nueva etapa de la estrategia proteccionista impulsada por Trump durante su segundo mandato. (El País)

Chile entre los países afectados

La incorporación de Chile a la lista de países sujetos al nuevo arancel estadounidense sorprendió tanto a autoridades como a representantes del sector exportador, considerando que ambas naciones mantienen un Tratado de Libre Comercio (TLC) en vigor desde 2004. Durante más de dos décadas, este acuerdo ha facilitado el intercambio de bienes y servicios, consolidando a Estados Unidos como uno de los principales destinos de las exportaciones chilenas.

No obstante, la administración de Donald Trump aclaró que la aplicación de esta medida no responde a los compromisos establecidos en el TLC ni a un cambio en la relación comercial bilateral. Según explicó Washington, el nuevo esquema arancelario se basa exclusivamente en la evaluación de los mecanismos que cada país ha implementado para prevenir el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzoso, un criterio que Estados Unidos decidió incorporar a su política comercial.

La decisión generó inquietud entre los gremios exportadores, debido a que Estados Unidos representa uno de los mercados más relevantes para productos chilenos como frutas frescas, vinos, salmón, productos forestales y manufacturas. Si bien el arancel del 12,5% no afecta por igual a todos los sectores, especialistas advierten que el aumento de los costos de ingreso podría reducir la competitividad de determinadas exportaciones chilenas frente a países que mantengan gravámenes más bajos o que logren acreditar estándares laborales considerados suficientes por las autoridades estadounidenses.

En paralelo, algunos bienes quedaron excluidos del nuevo esquema tarifario. Entre ellos figuran productos estratégicos como el petróleo, el gas natural, los fertilizantes y determinados alimentos, cuya importancia para la economía y la seguridad del abastecimiento estadounidense llevó a Washington a mantenerlos al margen de las nuevas restricciones. Sin embargo, una parte importante de los productos industriales y manufactureros sí estará sujeta a los nuevos aranceles, lo que podría repercutir en las cadenas de suministro y en la planificación comercial de las empresas exportadoras.

Frente a este escenario, analistas coinciden en que Chile deberá monitorear de cerca la implementación de la medida y evaluar su impacto sobre el flujo de exportaciones hacia Estados Unidos. Asimismo, será clave determinar si existen espacios de negociación bilateral o mecanismos contemplados en el Tratado de Libre Comercio que permitan revisar la aplicación de estos gravámenes o reducir sus efectos sobre la economía nacional.

Gobierno chileno rechaza la medida

La decisión de Washington no tardó en generar una respuesta por parte del Ejecutivo Chileno. A través de la Subsectaría de Relaciones Económicas Internacionales, el gobierno manifestó su rechazo a la aplicación del nuevo arancel y defendió el marco normativo nacional en materia de derechos laborales y combate al trabajo forzoso.

En su declaración, la Subsectaría de Relaciones Económicas Internacionales, sustuvo que Chile cumple con los compromisos asumidos en convenios internacionales y cuenta con una legislación alineada con los estándares promovidos por organismos multilaterales. Asimismo, reiteró que el país mantiene una política activa para prevenir y erradicar cualquier forma de trabajo forzoso dentro de sus cadenas productivas.

Las autoridades también informaron que evaluarán las alternativas disponibles para enfrentar la medida, previlegiando el diálogo bilateral con Estados Unidos y recurriendo, de ser necesario, a los mecanismos de consulta contemplados en el Tratado de Libre Comercio vigente entre ambos países.

El objetivo, señalaron, será reaguardar los intereses del secote exportador chileno y evitar que la nueva política comercial afecte la competividad de los productoa nacionales en uno de sus principales mercados de destino.

Un escenario de creciente tensión comercial

La imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos no constituye una medida aislada, sino que se enmarca en una estrategia más amplia de la administración de Donald Trump para redefinir las reglas del comercio internacional. Desde su regreso a la Casa Blanca, el mandatario ha impulsado una política comercial más proteccionista, utilizando los gravámenes como una herramienta para presionar a sus socios comerciales a modificar sus políticas internas en materias que van desde el acceso a los mercados hasta los estándares laborales y las cadenas de suministro.

En este contexto, la lucha contra el trabajo forzoso se ha convertido en uno de los argumentos centrales de Washington para justificar nuevas restricciones comerciales. La administración estadounidense sostiene que los países que no cuenten con mecanismos eficaces para impedir la importación y exportación de bienes producidos bajo estas condiciones obtienen ventajas competitivas desleales, afectando tanto a las empresas estadounidenses como a los trabajadores que operan bajo normas más estrictas.

Sin embargo, la decisión también ha despertado cuestionamientos entre expertos en comercio internacional. Diversos analistas advierten que la utilización de aranceles para promover objetivos de política pública podría abrir un nuevo frente de disputas legales y diplomáticas. En los últimos meses, varias de las medidas comerciales impulsadas por la administración Trump han sido objeto de impugnaciones en tribunales estadounidenses, mientras que distintos gobiernos han cuestionado su compatibilidad con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y con los compromisos asumidos en tratados bilaterales y multilaterales.

Para Chile, el desafío será doble. Por una parte, deberá evaluar el impacto que el nuevo arancel podría tener sobre la competitividad de sus exportaciones en el mercado estadounidense. Por otra, tendrá que definir una estrategia diplomática que permita defender los intereses comerciales del país sin deteriorar la relación con uno de sus principales socios económicos. El Gobierno ya adelantó que privilegiará el diálogo bilateral y el uso de los mecanismos previstos en el Tratado de Libre Comercio vigente, aunque el desenlace dependerá también de la evolución de la política comercial estadounidense y de la respuesta que adopten los demás países afectados.

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